Dia de Muertos - Todos los Santos

“Somos un pueblo ritual. Y esta tendencia beneficia a nuestra imaginación tanto como a nuestra sensibilidad, siempre afinadas y despiertas.” Octavio Paz.
Que se puede decir del día de muertos que no se halla dicho ya. Esta celebración arraigada en el pueblo mexicano es quizá la perfecta combinación de nuestro origen bicultural. La religión de un pueblo de indios y la imposición de una religión católica. Curiosamente el día de Todos los Santos coincide con el calendario agrícola prehispánico de cosecha, lo que permite recordar que nuestros antepasados ofrecían sacrificios humanos como ofrendas a sus Dioses, dando de esta manera gracias por los frutos recolectados, por el agua, por el sol, y a la vez alimentaba la idea de salvación personal y colectiva participando en el ciclo infinito del proceso cósmico que se repite insaciablemente (vida-muerte-resurrección).
Ahora bien que significa la muerte hoy en día. Para los que permanecen en el mundo de los vivos, significa una perdida, y una perdida siempre es dolorosa y produce un vacío que genera dolor, sufrimiento. Hay quienes la niegan, le temen, quienes se burlan de ella, “La indeferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida”.
Y es aquí donde me quiero detener para analizar estas ideas. Por una parte nos encontramos ante un pueblo que rinde culto a sus muertos, les llora, les reza y por otra jugamos a torear a la muerte con nuestros actos, como si esta vida no importara.
Para mí este día es de rigurosa tradición, desde que tengo memoria en mi casa cada 2 de noviembre se monta un altar para los muertos. Se ponen el pan de huesos, las calaveritas, el papel picado, azúcar, harina, agua, fruta, dulces, tequila, velas, flores e incienso. Antes rezaba por gente que no conocí en vida o que no logro recordar, mis abuelos, mi, tío, mi primo, un doctor, la madrina de uno de mis hermanos, pero ahora esta tradición ha crecido en significado por que esta vez hay una vela más por mi abuelita María, por mi Tía Victoria que son personas con muy importantes en mi vida.
Es una lastima que en este estado del Norte el día de muertos no sea una tradición en cada hogar. Salvo casos aislados e instituciones gubernamentales de orden cultural o educativo hacen un esfuerzo por conservarla. Mientras tanto en Michoacán, en Guerrero y en otros estados del sur, los pueblos y ciudades se visten de color Xempaxuchil, y en meditación se ora por los difuntos.
Mi madre me ha dicho que confía en que, cuando ella no este yo continué cada 2 de Noviembre realizando este pequeño ritual por ella y por los demás, y pienso hacerlo. Y espero que si algún día tengo hijos, ellos también lo hagan para mí. Por que una vida que trasciende no termina con la muerte.
Que se puede decir del día de muertos que no se halla dicho ya. Esta celebración arraigada en el pueblo mexicano es quizá la perfecta combinación de nuestro origen bicultural. La religión de un pueblo de indios y la imposición de una religión católica. Curiosamente el día de Todos los Santos coincide con el calendario agrícola prehispánico de cosecha, lo que permite recordar que nuestros antepasados ofrecían sacrificios humanos como ofrendas a sus Dioses, dando de esta manera gracias por los frutos recolectados, por el agua, por el sol, y a la vez alimentaba la idea de salvación personal y colectiva participando en el ciclo infinito del proceso cósmico que se repite insaciablemente (vida-muerte-resurrección).
Ahora bien que significa la muerte hoy en día. Para los que permanecen en el mundo de los vivos, significa una perdida, y una perdida siempre es dolorosa y produce un vacío que genera dolor, sufrimiento. Hay quienes la niegan, le temen, quienes se burlan de ella, “La indeferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida”.
Y es aquí donde me quiero detener para analizar estas ideas. Por una parte nos encontramos ante un pueblo que rinde culto a sus muertos, les llora, les reza y por otra jugamos a torear a la muerte con nuestros actos, como si esta vida no importara.
Para mí este día es de rigurosa tradición, desde que tengo memoria en mi casa cada 2 de noviembre se monta un altar para los muertos. Se ponen el pan de huesos, las calaveritas, el papel picado, azúcar, harina, agua, fruta, dulces, tequila, velas, flores e incienso. Antes rezaba por gente que no conocí en vida o que no logro recordar, mis abuelos, mi, tío, mi primo, un doctor, la madrina de uno de mis hermanos, pero ahora esta tradición ha crecido en significado por que esta vez hay una vela más por mi abuelita María, por mi Tía Victoria que son personas con muy importantes en mi vida.
Es una lastima que en este estado del Norte el día de muertos no sea una tradición en cada hogar. Salvo casos aislados e instituciones gubernamentales de orden cultural o educativo hacen un esfuerzo por conservarla. Mientras tanto en Michoacán, en Guerrero y en otros estados del sur, los pueblos y ciudades se visten de color Xempaxuchil, y en meditación se ora por los difuntos.
Mi madre me ha dicho que confía en que, cuando ella no este yo continué cada 2 de Noviembre realizando este pequeño ritual por ella y por los demás, y pienso hacerlo. Y espero que si algún día tengo hijos, ellos también lo hagan para mí. Por que una vida que trasciende no termina con la muerte.

1 Comments:
Es bueno recordar a nuestros difuntos, pero es mejor disfrutar a los vivos! lo que se tenga que demostrar hay que hacerlo con los que andan todavia vivitos y coliando
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